Crecimiento urbano en la zona central de Colombia: Implicaciones ambientales
El libro Crecimiento urbano en la zona central de Colombia: Implicaciones ambientales y miradas locales, de Yolanda Teresa Hernández Peña, es una invitación a mirar con otros ojos el fenómeno urbano y las profundas transformaciones que este impone sobre el territorio, la naturaleza y la vida cotidiana de las comunidades. Desde sus primeras páginas, la autora nos conduce por un recorrido reflexivo que parte de una realidad incontestable: vivimos y sufrimos las ciudades. Las urbes se han convertido en el escenario principal de la existencia humana, centros de intercambio simbólico, económico y cultural donde confluyen personas de diversos orígenes y formas de vida. Sin embargo, en ese mismo proceso se revelan las contradicciones más evidentes del desarrollo moderno.
Hernández Peña recuerda que, según Naciones Unidas, más del sesenta por ciento de la población mundial habitará en zonas urbanas para el año 2030. Esta cifra, que en apariencia refleja el progreso y la modernización, encierra también una crisis silenciosa. Las ciudades consumen entre el sesenta y el ochenta por ciento de la energía mundial y son responsables de la mayoría de las emisiones de carbono. Además, su crecimiento continuo demanda enormes cantidades de agua, transforma los suelos y genera residuos que impactan de manera irreversible los ecosistemas. La autora expone que el fenómeno urbano, tan celebrado como símbolo de avance, es también uno de los principales motores de la crisis ambiental contemporánea.
El texto revela la paradoja de la ciudad: mientras se la asocia con la civilización, la cultura y el progreso, se la ha concebido tradicionalmente como lo opuesto a la naturaleza. Pero esa dicotomía, sugiere Hernández Peña, es ilusoria. La ciudad depende profundamente de los recursos naturales agua, aire, suelo, energía que provienen de la biosfera, y su supervivencia está ligada al equilibrio de los ecosistemas que la rodean. No puede existir una urbe sustentable que viva ajena a los ciclos naturales que le dan soporte. De hecho, el desarrollo urbano ha generado una distancia cada vez mayor entre la sociedad y la naturaleza, una fractura que se expresa en la degradación ambiental, la pérdida de biodiversidad y la contaminación del entorno.
La autora introduce un concepto clave: la crisis de sustentabilidad secundaria, entendida como la incapacidad de las sociedades modernas para manejar adecuadamente los componentes esenciales que garantizan la vida. Esa crisis se manifiesta en el deterioro de los suelos, la contaminación de las fuentes hídricas y la creciente acumulación de desechos. Hernández Peña retoma las ideas de Marx para explicar cómo el crecimiento desmedido de la población urbana y la lógica de producción capitalista han provocado una ruptura entre el ser humano y la tierra, entre el trabajo y la naturaleza. En esa desconexión se encuentra el origen de gran parte de los problemas ambientales actuales.
A medida que la autora avanza, el análisis se hace más concreto y cercano. Describe cómo los procesos de urbanización en Colombia, especialmente en la zona central del país, transforman no solo los paisajes, sino también las formas de vida y los valores culturales de las comunidades. Municipios tradicionalmente rurales, como Cajicá, Cota o Villa de Leyva, se ven absorbidos por la expansión metropolitana de Bogotá. Este fenómeno, que a menudo se presenta como un signo de modernización, implica también la pérdida de identidad territorial, la sustitución de prácticas ancestrales por dinámicas de mercado y la alteración de la relación simbólica y material con la tierra.
La autora muestra con sensibilidad y profundidad cómo el crecimiento urbano reconfigura las relaciones entre lo urbano y lo rural, entre las economías locales y las fuerzas globales, entre las memorias colectivas y las exigencias del desarrollo. En esas tensiones se vislumbran nuevas formas de desigualdad, donde la presión sobre los recursos naturales y los ecosistemas afecta principalmente a las comunidades más vulnerables. Las prácticas tradicionales de cuidado del territorio, el conocimiento local sobre el agua y el suelo, y las redes sociales que garantizaban la resiliencia de los pueblos frente a los cambios climáticos, se ven debilitadas ante la expansión incesante de la ciudad.
Lejos de ser una denuncia catastrofista, el libro de Hernández Peña propone una mirada crítica y esperanzadora. Nos invita a repensar la ciudad como un espacio posible para la sostenibilidad, siempre que se reconozca su dependencia del entorno natural y se reoriente su desarrollo hacia una convivencia respetuosa con los ecosistemas. La autora sugiere que la solución no radica en frenar la urbanización, sino en transformar la manera en que concebimos y gestionamos nuestros espacios habitados. En ese sentido, la ciudad puede convertirse en un laboratorio de nuevas formas de vida más equilibradas, donde el respeto por la naturaleza se integre en las políticas públicas, la planificación territorial y las prácticas cotidianas.
Crecimiento urbano en la zona central de Colombia no es solo un análisis sobre urbanismo y medio ambiente; es también una reflexión ética sobre la forma en que habitamos el mundo. Al situar su estudio en la zona central del país con casos como Engativá, Usme o los municipios de la sabana de Bogotá, la autora logra conectar los grandes debates globales con las realidades locales, mostrando que los problemas ambientales no son abstractos, sino que se encarnan en los territorios, en los cuerpos y en las experiencias de las personas que los habitan.
Este libro invita a repensar nuestra relación con el territorio desde la conciencia, la memoria y la corresponsabilidad. A través de un lenguaje claro, sustentado y profundamente humano, Yolanda Teresa Hernández Peña nos recuerda que el futuro de las ciudades no puede desvincularse de la vida que las sostiene. La urbe del mañana deberá ser aquella que logre reconciliar a la sociedad con la naturaleza, aquella que no vea el entorno como un recurso por explotar, sino como un hogar compartido que exige cuidado, respeto y equilibrio.












